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Crisis del orden internacional: “America First”, Sur Global y los BRICS

  • hace 17 horas
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Imagen propiedad de Soberaniapaz.com
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Por: Eduardo Mernies



Introducción necesaria


El orden internacional es el conjunto de reglas, instituciones y equilibrios de poder que organizan las relaciones entre los Estados y buscan dar estabilidad al mundo. Cuando ese orden es unipolar, un solo país concentra la mayor parte del poder y ejerce liderazgo global. En un orden multipolar, en cambio, el poder se reparte entre varias grandes potencias. Un hegemón es el Estado con mayor capacidad para influir en las normas y decisiones internacionales.


Tras la Segunda Guerra Mundial, ese orden se plasmó en instituciones presentadas como universales y neutrales, pero que en la práctica consolidaron asimetrías y preservaron privilegios de Estados Unidos. Ese diseño responde a una lógica imperial de control indirecto: la hegemonía no se sostiene solo con fuerza militar, sino por la capacidad de definir reglas, estándares y mecanismos financieros que condicionan la soberanía de otros Estados. El imperialismo moderno opera mediante instituciones “globales” que no son neutrales, sino instrumentos de dominación.


Frente al ascenso de nuevas potencias, la hegemonía responde con sanciones, presiones económicas y acciones militares, muchas veces violando normas internacionales creadas para preservar la paz. La doctrina de seguridad nacional expresa cómo un país define sus amenazas y justifica el uso del poder para proteger sus intereses.


Para entender esta crisis, elegimos tres autores (ninguno es de izquierda) que ofrecen miradas complementarias: Hedley Bull, de la Escuela Inglesa, explica el orden como un sistema de normas que busca estabilidad; John Ikenberry, liberal institucional, muestra cómo la hegemonía estadounidense construyó un orden liberal institucionalizado y por qué ese diseño se vuelve frágil; y John Mearsheimer, realista ofensivo, ayuda a comprender por qué una potencia dominante recurre a la coerción cuando su primacía se debilita. Cuando hablamos de imperialismo, lo entendemos como dominación expresada de formas distintas: Bull permite entender cómo se sostiene el orden; Ikenberry muestra cómo se institucionaliza esa dominación; Mearsheimer explica la coerción directa cuando la hegemonía se ve amenazada.

 

Crisis de un orden liberal unipolar

La política exterior de Trump no es solo una ruptura diplomática, sino la manifestación de un desajuste estructural: un orden diseñado para una hegemonía clara en un mundo cada vez más multipolar. El “America First” expone la crisis institucional: las instituciones globales, concebidas en un contexto de predominio occidental – que demostraron cristalizar relaciones de poder asimétricas, preservar privilegios históricos – siguen ancladas en ese pasado y funcionan mejor cuando existe un hegemon capaz de imponer reglas.

 

Trump y la lógica transaccional

La actualización de la doctrina de seguridad nacional —“Corolario Trump”— valora alianzas y compromisos por su rentabilidad inmediata. El multilateralismo se vuelve sospechoso y el imperialismo moderno se expresa en la coerción económica y el uso instrumental de la fuerza, para conservar la primacía. El comercio se convierte en arma, y la coerción se normaliza, acelerando la fragmentación del orden internacional.

 

Aliados tensionados y adversarios castigados

Trump identificó a China como rival central y a Rusia como potencia revisionista, pero la novedad es la forma de enfrentarlos. La guerra comercial, las sanciones y el retiro de acuerdos como el de París o el JCPOA muestran una política en la que el poder se ejerce con mínima dependencia de instituciones internacionales, en línea con Mearsheimer. El resultado fue una política exterior más agresiva con enemigos y más transaccional con aliados, erosionando confianza internacional e incrementando incertidumbre.


En América Latina, Trump llevó esta lógica transaccional a niveles extremos tensionando, no solo asociaciones políticas, sino también la soberanía territorial y el derecho internacional. La confrontación adoptó formas directas: en enero de 2026, fuerzas estadounidenses atacaron Venezuela y secuestraron al presidente Nicolás Maduro, un acto denunciado por varios gobiernos por violar la soberanía y la Carta de la ONU. Días después, Washington aprobó aplicar aranceles a cualquier país que suministre petróleo a Cuba, intensificando la presión económica. Estos ejemplos muestran que la política exterior estadounidense se volvió más agresiva y violatoria del derecho internacional. Paralelamente, Trump publicó en su red social una imagen donde Groenlandia, Canadá y Venezuela aparecían como territorios de Estados Unidos, un gesto polémico que simboliza una retórica expansiva inquietante.

 

OTAN en crisis: el aliado ya no es “fiel”

El tratamiento dispensado a la OTAN es quizá el ejemplo más claro de esta lógica. En el realismo ofensivo, las alianzas son arreglos instrumentales definidos por el cálculo estratégico de las grandes potencias. En ese marco, la insistencia de Trump en que los aliados debían “pagar más” o enfrentar una reducción del compromiso estadounidense transformó la relación transatlántica en un cálculo de costos y beneficios. La reacción europea, incluida la expresión de Macron sobre la “muerte cerebral” de la OTAN, revela la fragilidad de un esquema de seguridad basado en intereses, no en lealtades institucionalizadas.

 

Sur Global y búsqueda de autonomía

Esa impredecibilidad tiene un impacto directo en el Sur Global. Países que históricamente se movieron dentro de los márgenes del sistema liberal hoy descubren que la protección estadounidense es condicional y que la soberanía nacional se vuelve un valor relativo ante sanciones, bloqueos o amenazas comerciales. Es inevitable una creciente búsqueda de diversificación de alianzas y mecanismos de cooperación que reduzcan la dependencia de una potencia hegemónica.

 

ONU: ¿democracia o reconfiguración del poder?

El debate sobre el Consejo de Seguridad de la ONU es revelador. En la concepción de la sociedad internacional desarrollada por Bull, las grandes potencias sostienen el orden para la estabilidad del sistema. El derecho a veto institucionaliza ese estatus diferencial y expresa la idea de que ninguna decisión central puede sostenerse sin el consentimiento de quienes concentran mayor poder. Cuando el consenso se debilita, el veto se convierte en bloqueo (nuestra opinión es que funcionó por décadas como salvaguarda de la impunidad estadounidense). Para EE.UU., es un obstáculo cuando lo ejercen China o Rusia. Las iniciativas estadounidenses para reformar el Consejo, no expresan vocación democrática. Son intentos de recomponer mayorías que le permitan preservar su influencia hegemónica.

 

BRICS: la alternativa del Sur Global

Frente a esta crisis institucional y política, el ascenso del Sur Global y el fortalecimiento de los BRICS son expresiones de una transformación más amplia del orden internacional. Según Ikenberry (2011), el orden liberal construido bajo liderazgo estadounidense enfrenta tensiones por el desplazamiento del poder hacia nuevas potencias. Los BRICS, en su diversidad, buscan autonomía y mecanismos económicos y financieros no dependientes de las estructuras tradicionales dominadas por Occidente. Su expansión y creciente visibilidad reflejan la demanda de una arquitectura internacional más acorde con la actual distribución del poder.

 

Oportunidad para reconfigurar el mundo

La crisis del orden internacional no es coyuntural ni exclusiva de Trump. Es la manifestación del agotamiento de un sistema diseñado para sostener la unipolaridad y disciplinar al resto del mundo bajo reglas que nunca fueron verdaderamente neutrales. El “America First” expone cómo la potencia hegemónica recurre a coerción económica, presión política y acción militar cuando su primacía se debilita.


Esta dinámica es la forma contemporánea del imperialismo: un mecanismo de dominación que se sostiene mediante instituciones globales, sanciones, acuerdos y alianzas diseñadas para mantener la jerarquía internacional. En un mundo multipolar, la disputa central no es reemplazar una hegemonía por otra, sino redefinir las bases del orden internacional. El desafío es construir instituciones capaces de reflejar la distribución real del poder global y de sostener la cooperación sin imposición ni violencia. En ese marco, el fortalecimiento del Sur Global, la diversificación de alianzas y la emergencia de espacios como los BRICS no son amenazas al orden mundial, sino intentos de superar un sistema anclado en el pasado. La crisis actual, es una oportunidad histórica para pensar un orden menos dependiente, más plural y más justo.

 

(*) Secretario de Asuntos Internacionales del Frente Izquierda de Liberación.

Miembro asesor de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio - Uruguay.


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