Cuba, el manual del castigo y la vigencia de la unidad antiimperialista
- Eduardo Mernies
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Actualizado: hace 18 horas

Por: Eduardo Mernies
Fuente www.mediomundo.uy/contenido/6806/cuba-el-manual-del-castigo-y-la-vigencia-de-la-unidad-antiimperialista
Doctrina del castigo
Las recientes medidas coercitivas impulsadas por Donald Trump contra Cuba y contra los países que comercien hidrocarburos con la Isla no constituye un hecho aislado ni una excentricidad coyuntural. Son la actualización brutal de una política histórica de agresión que tiene fecha, firma y doctrina. El 3 de febrero de 1962, el presidente John F. Kennedy rubricó el primer acto formal del bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba. Con variaciones de forma y retórica, esa estrategia de castigo sistemático se ha mantenido inalterable durante más de seis décadas.
Para comprender la racionalidad profunda de esa política retrocedemos hasta el 6 de abril de 1960 y al memorándum de Lester Mallory – entonces secretario asistente del Departamento de Estado para Asuntos Interamericanos –. Ese documento expone con crudeza el objetivo central: provocar “hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno” mediante el estrangulamiento deliberado de la economía cubana. Mallory reconoce que la Revolución contaba con apoyo popular y que no existía una oposición política efectiva. Por eso, el castigo debía dirigirse contra el conjunto del pueblo. El bloqueo no fue nunca un error ni una reacción improvisada. Fue una política consciente de coerción colectiva, hoy incompatible incluso con los principios más elementales del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas.
Hambre como arma política
Ese castigo material, sin embargo, nunca vino solo. Como señalan Néstor García Iturbe y Osvaldo Felipe Sotolongo, la agresión imperial se despliega también en el plano de las conciencias. La subversión político-ideológica apunta a actuar sobre sentidos, valores y percepciones sociales para inducir conductas funcionales a la reversión del sistema socialista. Fernando Buen Abad sintetiza claramente esa idea en dos dimensiones u objetivos “hambre material y hambre de sentido”. (Iturbe y Sotolongo, 2012; Buen Abad, 2026).
El hambre del cuerpo es la forma más visible de la agresión. Se manifiesta en desabastecimiento inducido, escasez de alimentos, medicamentos, energía, tecnología y recursos básicos. Es un hambre planificada. El memorando de Mallory plantea sin pudor la necesidad de provocar insatisfacción económica y penuria para quebrar la voluntad popular. No es una consecuencia colateral del bloqueo: es su objetivo central: un cuerpo cansado, enfermo o precarizado resulta más vulnerable a la desesperación, al miedo y a la fragmentación social.
Guerra por la conciencia
Pero el imperialismo sabe que el cuerpo solo no alcanza. Por eso actúa también sobre el hambre del sentido, una forma más sutil y profunda de dominación. Se trata de vaciar de significados, erosionar los marcos simbólicos, los valores revolucionarios y la autoestima colectiva que sostiene al pueblo en su resistencia. Mientras el bloqueo golpea al cuerpo, la subversión político-ideológica busca quebrar la conciencia.
Asfixia y colonización
El bloqueo criminal y las medidas coercitivas unilaterales, junto con la guerra mediática y la colonización cultural, constituyen las principales armas del imperialismo. Actúan sobre el cuerpo y la conciencia de manera simultánea. Hambre del cuerpo y hambre de sentido, asfixia económica y colonización simbólica, forman parte de una misma arquitectura de dominación. Combina coerción material y guerra cultural.
Ética de la resistencia
Sin embargo, tras 64 años de bloqueo, sanciones y hostigamiento permanente, no han logrado doblegar la voluntad popular ni quebrar la dignidad del pueblo cubano. Lejos de provocar el desengaño previsto por sus diseñadores, el asedio contribuyó a forjar una conciencia colectiva capaz de transformar la escasez en organización, la amenaza en resistencia y la asimetría en fortaleza ética. Cuba es una demostración histórica de que incluso bajo cerco, la soberanía, la memoria y la dignidad pueden organizarse como formas concretas de resistencia y de libertad.
Esa persistencia es, precisamente, lo que el imperialismo no tolera. No se castiga sólo a un país pequeño y rebelde. Se castiga también a un ejemplo incómodo que demuestra que otro orden de valores no sólo es deseable, sino viable. Por eso el bloqueo se recrudece cuando fracasa. Y por eso las medidas de Trump, ilegales y extraterritoriales, no representan una ruptura, sino la continuidad desnuda de una lógica que desprecia la soberanía de los pueblos y el derecho internacional cuando estos se interponen a sus intereses.
Unidad o sometimiento
En este contexto internacional y en el marco del 55 aniversario de la fundación del Frente Amplio de Uruguay, rescatar la tradición antiimperialista de nuestra historia no es un gesto simbólico. Es una necesidad política. Cuando José Artigas afirmaba que “unidos íntimamente, luchamos contra tiranos que intentan profanar nuestros más sagrados derechos”, nombraba una constante de la historia latinoamericana. Esa intuición dialoga profundamente con el pensamiento de José Martí, quien advirtió tempranamente sobre el peligro de un imperialismo que conocía desde dentro y comprendió que la verdadera independencia de nuestros pueblos sólo podía ser continental (Martí, 1895). Su llamado a la unidad “Los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas...”, como el de Artigas, mantienen absoluta vigencia (Martí, 1891).
Hoy, frente a la ofensiva renovada contra Cuba, Venezuela y toda la región, la unidad latinoamericana vuelve a ser una tarea urgente. El Frente Amplio, nacido de la confluencia de tradiciones populares, democráticas y antiimperialistas, tiene una responsabilidad histórica: sumar su voz, coherencia y acción, a la resistencia continental. Porque cada ataque contra Cuba es también un ataque contra el derecho de nuestros pueblos a decidir su destino. Y porque, como ayer, sólo unidos íntimamente podremos enfrentar a quienes siguen intentando profanar nuestros derechos más sagrados.
(*) Secretario de Asuntos Internacionales del Frente Izquierda de Liberación. Miembro asesor de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio – Uruguay.
Referencias
Mallory, L. (1960). The Decline and Fall of Castro. Foreign Relations of the United States, 1958–1960, Cuba, Volume VI. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1958-60v06/d499
Buen Abad, F. (2026). Cuba y la honda de David. https://www.jornada.com.mx/2026/02/03/opinion/016a2pol
García Iturbe, N., y Sotolongo, O. (2012). Subversión político-ideológica made in USA. Editorial Ciencias Sociales.
Martí, J. (1895). Carta inconclusa a Manuel Mercado. https://www.cubahora.cu/historia/carta-de-marti-a-manuel-mercado
Martí, J (1891). Nuestra América. https://www.josemarti.cu/publicacion/nuestra-america/







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